Por Mariell Olavarria
“No puede haber una revelación más intensa
del alma de una sociedad, que la forma
en que trata a sus niños”. Nelson Mandela
Los niños y niñas son seres altamente sensibles, necesitan respeto y amor, atraviesan una etapa irrepetible en sus vidas y el cómo la recuerden depende mucho de cómo van a ser tratados. Cada vez se generan más recursos para proteger los derechos de la infancia, para proveer mejores herramientas de intervención, un trabajo al unísono de toda la sociedad para crear un mejor espacio para ellos y ellas.
Cuando los niños y niñas expresan malestar
¿Qué pasa cuando un niño o niña expresa malestar, irritabilidad o incluso algún problema de salud que lo mantiene con temor y alerta a la reacción de los adultos que se encuentran en su entorno cercano? Una de las explicaciones a esta situación tan común y cotidiana, pero no menos importante y a la que se debe prestar especial atención, es que muchas veces el niño no entiende, más aún, no alcanza a anticipar los cambios que se presentan, lo que genera más estrés en este mismo y menos comprensión y paciencia por parte de los adulto, en este caso profesionales de la salud, que se encuentren ad portas de intervenir.
Poniéndonos en sus zapatos un instante
Imaginémonos que nos dicen que debemos ir a un lado, no nos señalan qué lugar, simplemente somos llevados por otro en el que confiamos plenamente. Le hacemos caso, seguimos adelante, quizás podamos sentir mucha inseguridad, pero al ver a esa otra persona que es tan importante para nosotros y además nos señala que debemos ir,nos hace tratar de mantener la calma y ceder a esa petición. Legamos a un lugar que no sabemos qué pasa, hay mucha gente desconocida, nunca la habíamos visto, por lo general no se ve que sea un lugar donde se pueda relajar, tan pronto el otro llena papeles somos llevados a una habitación, nos desvisten, nos comienzan a tomar la temperatura, nos hacen exámenes…Ouch!!! Nos pinchan en el brazo y/o la pierna, no entendemos qué pasa, miramos a los adultos pero éstos miran a quién nos ha acompañado y le dan explicaciones a éste, no aguantamos más y nos desbordamos, un llanto intenso termina en palabras que no logran calmar y en más incertidumbre.
El derecho a ser escuchado
Niños y niñas tienen derecho, la garantía, de tener la oportunidad irrenunciable de ser escuchados en todo procedimiento, en el cual sea éste afectado.
En el sistema de salud, principalmente, muchos de los procedimientos que se les realizan a los niños son con escaso aviso y sobre la acción en marcha algunos son poco claros, lo que genera mucho estrés, incomprensión y desregulación emocional, por parte del niño o niña, el cual se refleja en conductas de estrés como llanto o irritabilidad, lo que hace compleja la tarea para el profesional que debe intervenir en pro de su salud.
El derecho a la opinión
Los niños y niñas tienen derechos a expresar libremente lo que les pasa, esto incluye el hecho de ser atendidos en todo aquello que manifiesten, es necesario poder prestar atención a lo que tengan que decir y expresar, esto es con la mirada, con el tono de voz que valide lo que tenga que expresar y el hecho de dejar que termine de hablar sin interrupciones. El escuchar a otro, parte por anular las ideas preconcebidas que se tienen (prejuicios) y dar espacio para comprender desde la experiencia de ese otro, un niño o niña en este caso, para dar respuesta a esa necesidad única y particular que experimenta no toda la infancia, sino ese niño o niña en particular.
Buen trato y consideración
Los niños, por muy pequeños que sean, cuando se encuentran enfermos o presentan cólicos en su primer año de vida, por tan solo el hecho de que los padres le hablen de cómo se sienten “debe ser tu guatita que te duele, tienes gases”, sin que estos tengan aún el desarrollo suficiente para descifrar las palabras, perciben el tono de voz, la cercanía física, el aroma de los padres; generando que éste se calme,..Es cosa de preguntarle a cada padre y ellos van a dar con esta re-afirmación.
El hecho que anticipemos los cambios que van a ocurrir, diciendo por ejemplo “hola soy… y ahora te vamos a llevar a una pieza blanca, donde te vamos a tomar la temperatura y a sacar algunos exámenes” ya el hecho de referirse a él y hablarle con un tono de voz suave y de calma, hace que disminuya la incertidumbre y con ello el estrés.
Podemos colaborar con el mismo interés que cuando nos van a dar una noticia positiva que estábamos esperando, con la atención que le damos a un enamorado o a alguien que merece todo nuestro interés, la pre-disposición a escuchar, es también estar presente con esa otra persona, con ese niño o niña que algo desea expresar y necesita sentirse reconocido.
No olvidar en todo procedimiento:
- Mirar al niño o niña cuando se esté hablando de él o de ella
Es importante dirigirse a éste primero, no olvidemos que es su cuerpo el que va a ser intervenido, es derecho del niño saber qué va a ocurrir y el que pueda expresar malestar y éste ser atendido (el validar, nombrando el estado emocional del niño o niña, hace que este se sienta visto y entendido, por ejemplo “te sientes asustado/triste/enrabiado, yo también me sentiría así, no es fácil pero es algo que te va a ayudar a sentir mejor”).
Es importante dirigirse a éste primero, no olvidemos que es su cuerpo el que va a ser intervenido, es derecho del niño saber qué va a ocurrir y el que pueda expresar malestar y éste ser atendido (el validar, nombrando el estado emocional del niño o niña, hace que este se sienta visto y entendido, por ejemplo “te sientes asustado/triste/enrabiado, yo también me sentiría así, no es fácil pero es algo que te va a ayudar a sentir mejor”).
- Anticipar lo que va a ocurrir
Los niños tienen derecho a conocer el procedimiento, los cambios y lo que se va a hacer con él o ella. Basta con señalarle en palabras claras y concretas, como así también pedir permiso cuando se le quiere tocar y tomar alguna muestra de su cuerpo, esto genera la sensación de ser tomado en cuenta, algo que a largo plazo contribuye positivamente en su autoestima y límites de su cuerpo con el resto de las personas. (Podemos pedir permiso diciendo “ahora te voy a tomar una muestra de sangre, me prestas tu bracito para poder hacerlo? Va a doler un poquito, -se espera a ver la reacción del niño o
niña, se negocia en el caso de no querer- “yo sé que es difícil, a mí también me ha pasado, pero hagamos un trato, si aceptas que te haga este examen te voy a contar lo que me pasó una vez cuando tenía tu edad”).
- Ponerse a la altura física del niño
Llegar hasta donde este está, hace que el niño no vea a una figura de autoridad que está por sobre él, sino un adulto que puede ser cercano y quiere colaborar con su estado de salud. Hace que el procedimiento sea menos amenazante para el niño o niña.
- Empatizar con su estado emocional
Si el niño o niña se encuentra llorando, se puede proceder a una estrategia de regulación, nombrando su emoción, validando que es un estado normal pero que ya va a cesar, diciendo que se va a estar a su lado hasta que el procedimiento acabe, incluyendo a los padres, ellos también saben que es difícil, también lloran o sienten rabia con estas cosas pero estar saludable es algo primario.
- Incluir a los padres como apoyo en el proceso
Anticipar lo que va a pasar con su hijo o hija, incluirlos en la parte del procedimiento que se pueda,
referirse al niño o niña y luego a ellos, la presencia de los padres para un niño o niña puede ser un factor protector, ya que representa una figura vincular conocida que les puede generar seguridad el que lo acompañen en momentos de estrés.
Imaginémonos ahora que esa figura de confianza para nosotros nos dice “sé que estás preocupado, asustado, es normal sentirse así cuando uno va a un lugar desconocido, este lugar es un sitio donde se va a ver tu estado de salud, darte tratamiento y así para que te sientas mejor, yo te voy a acompañar, te van a contar cada cosa que te van a realizar, puede que sientas tristeza o temor, pero no te preocupes, es normal, todos te vamos a apoyar en ese proceso para que estés mejor”.
Todo parte por como sea nuestra disposición a la acción con los otros, puede ayudar el ver que ese niño o niña que está desconsolado, tímido, o presenta incertidumbre, necesita una palabra de calma, tanto como la necesitaríamos nosotros en esa situación, cada palabra y gesto que tengamos con los niños y niñas, construirá todo un marco de referencia respecto a cómo se debe ser tratado y respetado. Ser sujeto de derecho es ser tratado con comprensión, cariño y consideración, una base que de construirse sólida, estaríamos entregando un espacio de aprendizaje positivo al destino de nuestra sociedad.
Psicóloga Mariell Olavarria Bustos
Psicoterapeuta Materno Infantil y de Adultos
Contáctame a través de arrurruconsulta@gmail.com
