Por Mariell Olavarria
“El estado emocional de la madre embarazada tiene mayor
influencia a largo plazo sobre el bebé que su estado emocional
durante el primer año de vida del mismo”. Michel Odent
La mujer que gesta a su hij@ y lo acuna en su vientre, podrá sentir que el comienzo de ese proceso se celebra justamente con el nacimiento, pero la realidad es que el bebé que es dado a luz, ya lleva consigo un pasado de nueve meses.
Ser madre impacta la vida de una mujer en todo el proceso de vida, pero ser madre a temprana edad es un verdadero reto, ya que con él se encuentra el nacimiento de un nuevo rol que comienza a dar atisbo de vida en la gestación el que a su vez debe acomodarse para convivir con el rol de hija, hermana, novia, amiga, alumna y más.
Lo que toda mujer gestante debe saber
La literatura y la publicidad se han encargado de presentar el embarazo como un periodo de expectativas positivas y felicidad, es importante considerar que es un proceso de grandes desafíos, sobre todo emocionales para la nueva madre adolescente y su pareja, si es que está acompañada. El embarazo es un proceso de constante reajuste, de alta sensibilidad emocional y dependencia, el cuerpo estará en constante cambio, al igual que estado anímico, el cual requiere encontrar un ritmo que se ajuste a estas necesidades.
Pensemos que nos hemos estado gestando y criando en un sistema de continua compañía, por miles de años, amparados en la experiencia de quienes ya habían criado; por consiguiente, toda la historia de la humanidad gestante se desarrolló en un clima de contacto y compañía, en lo que se conoce como tribus y que aún siguen existiendo en algunos sectores geográficos y sistemas culturales, lo que da cuenta que nuestro propio sistema de gestación ha ido y va en esa dirección naturalmente; situación que se ha alejado. Entonces, lo que podemos hacer como comunidad (sistema familiar, sistema de salud, sistema escolar, sociedad) es facilitar y acoger este proceso de la manera más constructiva y respetuosa posible.
Lo que necesita una adolescente en gestación
La madre adolescente necesita no solo el apoyo de un adulto, sino la contención y comprensión de éste y toda la comunidad en lo posible. La adolescente necesita una relación de cuidado, sostener la duda y el temor frente al proceso de cambio en el cual está inmersa, de la misma manera que ella va a cuidar a su guagua en el periodo de exterogestación, va a necesitar replicar prácticas de cuidado, las que de no proporcionárselas, se le estaría privando de una necesidad vital tanto para ella, como para su hij@.
Dentro de las necesidades que ésta presenta y las acciones que se pueden realizar, éstas podrían asentarse sobre las bases de proteger y observar, concretamente:
- Que se le siga viendo como una adolescente-hija
El hecho de ser madre no quiere decir que la joven se vaya a convertir en una mujer con madurez necesaria de un día para otro. Ella está confundida sobre su propio proceso de identidad, ayúdale entregando un espacio para poder conversar de las cosas que le afectan, si no tiene respuesta, simplemente manifieste su apoyo escuchándola activamente.
- Se más colaborativo y menos impositivo
Es importante que pueda expresar su preocupación abiertamente “me preocupa verte llorar tanto o que estés deprimida, me preocupa que te cuides en este periodo tan importante para ti y tu bebé”. Puede preguntarle también en cómo colaborar “¿Cómo te puedo ayudar a que te sientas mejor?, ¿Será que necesitas un poco de ayuda cuando estudias, yo puedo preparar la once mientras”.
- Negocie los acuerdos siendo flexible pero manteniendo los límites
La adolescente gestante sigue siendo una adolescente, necesita espacios de recreación, está bien que pueda juntarse con algunas amigas y/o su pareja como así le dedique tiempo al colegio y las actividades en su casa que pueda hacer, sin poder en riesgo su salud. “Si quieres salir un rato está bien pero no descuides el orden de tu pieza, la asistencia y estudios en el colegio”.
- Mantenga una contención emocional continua
Lo que más va a necesitar la joven es tener una referencia en cómo calmarse y entender lo que le está pasando, su estado anímico, pensamientos y cuerpo los cuales están en continuo cambio. Ella necesita saber que alguien la va a escuchar y entender, aunque a veces sea difícil; el hecho de validar su estado emocional va a ser que se sienta vista y entendida y esto la va a ayudar a regular mejor su estado emocional, puede hacerlo diciendo “veo que tienes pena, rabia, debe ser complicado para ti, puedes contarme lo que te sucede, yo te escucho”.
>> Es importante que como cuidador pueda estar pendiente de su propio estado emocional. Si hay un momento en el que se siente abatido/a, retírese del lugar (comunique lo que necesita a la otra persona para que pueda entenderla y así anticiparse a su reacción) tómese un tiempo, en un lugar en el que pueda sentirse tranquilo/a, respire profundo (inhalaciones y exhalaciones) aclare sus pensamientos y emociones, una vez que se sienta regulado, podrá realizar cualquier estrategia de contención, es necesario auto-atenderse primero. <<
Embarazo y vínculo de apego
Ya sabemos que el apego es la relación afectiva e íntima más importante, permite que todo mamífero pueda sobrevivir, enviando señales y de esa manera su cuidador las responda. El vínculo de apego de la madre a su bebé tiene lugar desde el minuto que se confirma el embarazo. La gestante comienza a hacerse ideas mentales de cómo va a ser convertirse en madre; en el primer trimestre tiene fantasías tanto de ella como de su bebé. A partir del segundo trimestre, donde se perciben ya los movimientos fetales y se manifiesta con fuerza la vida, a través del latido del corazón de la bebé en el primer control prenatal, la gestante comienza a representar mentalmente en cómo va a ser la relación con su bebé.
Como cuidadores, familiares y amigos de una adolescente en gestación
Proveer un clima de seguridad, en el cual ella pueda anticiparse a los cambios, así evitar estrés excesivo e innecesario, ya que la evidencia de la última década ha demostrado los riesgos asociados al estrés en el embarazo, a través de la placenta se transmite cortisol -hormona del estrés- tiene un efecto negativo en el desarrollo del sistema nervioso de su hij@ intrauterino, poniendo incluso en riesgo la vida de éste y de su madre (embarazo de riesgo, nacimientos prematuros, depresión post-parto, entre otros). Es así como la disponibilidad emocional, y el empatizar con su estado, es un factor protector en sí, ya que representa para ésta un apoyo y espacio de sentirse escuchada y apoyada en su proceso diario de convertirse en madre.
Como sistema de protección y sociedad
Muchas adolescentes gestantes se sienten altamente culpables, lo que puede desencadenar un estado de frustración. Es una situación altamente ambivalente que incrementa la inseguridad en la joven gestante, por lo que es una alarma. Muchas veces este estado es causado por una seguidilla de situaciones que la adolescente puede vivir a diario, traducido en comentarios de su círculo más próximo o no, situaciones de las que son parte y del trato que reciben.
Es importante comprender que la joven madre experimenta una de las situaciones más importantes y complejas de su vida, está creando el clima primario, como un arquitecto, diseñando las bases de lo que será la relación con su bebé y, ese bebé será parte del futuro cercano de nuestra sociedad.
Cómo sistema de protección necesitamos proveer más contención y realizar más acciones protectoras, evitar situaciones que pongan en riesgo el vínculo de la madre gestante con su hij@ intrauterino, como el hecho de que se sientan no validadas en su rol en constante construcción e inseguras. El cómo atendamos a las necesidades de las mujeres gestantes será el hilo conductor de cómo ese ser humano se va desenvolver, tenemos en nuestras manos el futuro de la sociedad en la cual vivimos.
Podemos tener un sistema de protección de excelencia, intervenciones eficientes, profesionales calificados y comprometidos, pero si descuidamos el cómo aplicar o decir lo que debemos, ninguna acción, por muy exitosa que sea, va a cambiar y tener un efecto positivo en la gestante. El cómo decimos lo que debemos a la madre en el control prenatal, el cómo le preguntamos si ha estado alimentándose bien y tomando sus vitaminas, el cómo le sugerimos que es mejor que haga cuando el bebé nazca, el cómo le indicamos acerca del proceso que va a tener en el colegio; es lo que realmente hace la diferencia y lo que requiere la gestante y su bebé en este caso.
Ser más gentiles y respetuosos con la madre y su bebé en útero, nos da la pauta por cómo debemos aplicar o decir lo que debemos, para que tenga un efecto protector en esta misma y, por ende, en su bebé.
Sabemos que las demandas en los servicios asistenciales son altas, lo que da poco espacio para generar más y más recursos, pero basta con saber que toda palabra que se le diga a una adolescente tiene un efecto directo en cómo ésta va a vivir su propio proceso de embarazo y en cómo va a entablar la primera relación vincular con su hij@ en el útero, por lo que es indispensable re-formular el cómo estamos comunicando. Una adolescente gestante no es sólo una persona, es el referente más cercano que un nuevo ser humano va a conocer y del cual se va a alimentar psíquicamente.
Nuestro deber como sistema y sociedad es promover un clima seguro y predecible para que el proceso de gestación sea el mejor posible que pueda vivir una madre y bebé como primera experiencia; es así que se hace urgente proteger y observar.
Psicóloga Mariell Olavarria Bustos
Psicoterapeuta Materno Infantil y de Adultos
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