Masaje Infantil: Nutrición afectiva desde la matriz

Todo lo que sentimos, pensamos y decimos eventualmente se transformará en información, en fuente de aprendizaje para las nuevas generaciones. Al no estar conscientes de esto, estaríamos jugando con el futuro de la humanidad. Es así como el masaje infantil emerge como una práctica esencial para acompañar el proceso de crianza.

(Artículo publicado en la revista Somos N°024, agosto de 2012)





El vientre de la madre acuna a su bebé intrauterino, le aporta calidez y lo retiene amorosamente por cuarenta semanas, convirtiéndose en el armazón que lo sostiene y le entrega seguridad.  Como el primer sentido en aparecer en el niño en-útero es el tacto, éste ya comienza a recibir estímulo a las pocas semanas luego de haber sido concebido, familiarizándose así con la sensación de regocijo que genera el tacto.

El trabajo de parto y las contracciones que experimenta la madre, momentos antes de dar a luz, aportan un sentido de continuidad táctil en el bebé, quién debe pasar por un sendero estrecho, y trabajar al unísono junto a su progenitora para recorrer el canal del parto hasta su nacimiento.
El bebé nace al mundo extrauterino y junto a éste la novedad de sensaciones abrumadoras, por lo que establecer el contacto piel a piel (Bonding) tan pronto nazca, será una experiencia que le devolverá la sensación de seguridad al ser tocado por su madre, regulando así su temperatura y escuchando el latido de su corazón, ahora desde el mundo externo.
La piel del bebé, al igual que el estómago, demanda alimento por lo que las caricias y el masaje serán la nutrición que le permitirá facilitar el vínculo afectivo con su madre, a través de la tan placentera cercanía física que genera el tacto nutritivo.
De oriente a occidente
El masaje infantil es una de las prácticas de crianza más antiguas. En India todas las madres  ponen a sus bebes sobre las piernas y les dan cuidadosos masajes, mientras les hablan o cantan alguna canción de cuna, aprovechando estos momentos para trasmitir mucho afecto  y establecer una total comunicación materno-filial.
En los años 70’ una joven norteamericana llamada Vimala McClure viajó a India y conoció esta técnica. Ella quedo totalmente conmovida al ver como los niños desde pequeños eran tocados por el corazón de sus madres a través del masaje Shantala. También ella se dio cuenta que los niños replicaban la misma práctica con sus hermanos más pequeños, transmitiéndose así de generación en generación.
Vimala experimentó en carne propia como las caricias del masaje le transmitían sensaciones de calma, seguridad y cariño. Tras estar enferma de malaria tuvo la impresionante experiencia de recibir masaje por parte de algunas mujeres de la comunidad que se turnaban para cuidarla.
Tan pronto se recuperó, regresó a Estados Unidos donde sin pensarlo comenzó a dar clases de masaje a padres y a formar educadoras que propagaran esta práctica. McClure fundó la Asociación Internacional de Masaje Infantil (IAIM) una organización sin fines de lucro que por años se ha encargado de transmitir este poderoso conocimiento.
El masaje infantil se transforma en una experiencia que ya es familiar para el bebé, y es que desde el primer mes de vida él/ella ya está disponible para recibir las bondades del tacto nutridor. Este estímulo ya lo había comenzado a percibir desde la vida intrauterina, por lo tanto su sensación primaria es de seguridad, disfrute y conexión con quién le entrega estos cálidos movimientos.
El bebé se conecta con su cuerpo de forma positiva, experimenta un contacto afectivo con sus padres, se relaja, interactúa con sus cuidadores por medio del lenguaje no verbal como lo son los gestos y miradas, por lo que comienza a sentir que ocupa un lugar importante para quienes lo cuidan, forjándose así una relación vincular sana en el tiempo.
Tacto, comunicación y masaje
La piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo y el tacto el primer sentido en aparecer por lo que la piel es la conexión más importante del ser humano con el mundo. El correcto estímulo de la piel en los primeros años de vida será clave en cómo el infante se relacionará consigo mismo y con los otros.
Durante los primeros tres años de vida, desde el embarazo, el ser humano comienza a no tan solo almacenar sino a procesar la mayor cantidad de información. Esta traducción de  nuevos aprendizajes por lo tanto se convierte en la etapa más vulnerable de la vida.
Sus sistemas están aún inmaduros, su desarrollo físico y emocional dependen de esta etapa y de las experiencias que éste tenga, pues serán la pauta para su desarrollo subsecuente.
El bebé está continuamente expuesto a nuevos estímulos, cada día es un océano de experiencias por lo que también se agota y acumula tensión, liberando así algunas hormonas como el cortisol, que podrían poner en riesgo su desarrollo físico y emocional si no es correctamente atendido durante una situación de estrés.
Es así que contar con una práctica que reduzca estos efectos estresantes, como lo es el masaje infantil es fundamental, transformándose en un factor protector porque fomenta las relaciones afectivas sanas desde el inicio, favoreciendo una crianza más respetuosa y  consciente.
Si quedara alguna duda respecto a la importancia del masaje en la primera infancia, basta observar como ahora que somos adultos podemos regular nuestro estado emocional, por ejemplo conservando con alguna persona significativa para desahogar nuestros problemas y así sentirnos comprendidos y escuchados.
Igualmente el bebé solicita el mismo espacio, también experimenta angustia y miedo, pero tiene menos posibilidades de poder generar un espacio contenedor por si solo, por lo que al proveerle una instancia tan cálida y de respeto como lo es el masaje, no sólo lo estamos ayudando a que aprenda a regular sus emociones, sino además,  le estamos manifestando el amor incondicional que sentimos por él/ella, el espacio que ocupa en nuestras vidas y el valor que le damos a su existencia.

Un beneficio incalculable


El masaje infantil más que una técnica es una práctica que nos permite comunicar afectivamente con los bebés, conocerlos mejor, homenajear su presencia desde su nacimiento, fomentar un vínculo sano y ayudar a su desarrollo físico y emocional.

El curso está dirigido para padres, cuidadores y sus bebés de 0 a 12 meses. Ya que es muy importante que la práctica del masaje empiece lo más cerca a su nacimiento, ya que puede conectarse así con su vivencia intrauterina y resguardar su salud por medio de los beneficios del tacto afectivo.
Todos los bebés pueden participar, sea cual sea su necesidad, ya que el tacto y los movimientos de masajes aportan a un crecimiento y desarrollo sano. Las investigaciones sugieren que en bebés prematuros, esta práctica favorece el aumento de peso, además de regular los ciclos de sueño, calma situaciones de gases y cólicos y aporta al desarrollo de la coordinación muscular.
El programa de masajes de IAIM comprende además temáticas relacionadas con los primeros meses de vida. Entre éstas se encuentran las de conocer los estados de consciencia del bebé, las razones de los distintos tipos de llanto, los efectos terapéuticos en situaciones de gases y cólicos, como así también los aportes de los principios del masaje infantil Shantala, también del masaje sueco, la reflexología y el yoga.

El masaje como factor protector
La práctica del tacto nutritivo es además un factor protector en la primera infancia ya que invita a que las madres, padres y/o cuidadores puedan empoderarse en su rol de crianza, a partir de los beneficios que genera esta práctica.
De esta forma el curso está dirigido para bebés prematuros, adoptados, con alguna discapacidad, bebés que han sufrido algún tipo de maltrato, ya que el masaje les permite una mejor relación con ellos mismos y con el entorno donde viven.
Es así como desarrollar una conexión emocional con el bebé, a través del masaje, entrega sentido a los padres ya que se conectan con sus hijos en un espacio íntimo y de cuidado donde el bebé responde a esa sensación de amor, entregándose al masaje y comunicándose por medio de gestos, balbuceos y miradas, potenciando así el desarrollo de la seguridad, la atención y del sistema de confianza con sus pares.
Ya lo decía Vimala en su experiencia a través de esta práctica que no es una técnica sino el principio del tacto nutridor entre seres humanos, y es que los niños son seres sensibles que merecen respeto, cariño y disponibilidad,  que se les escuche desde el corazón.
Si queremos forjar generaciones más conscientes y amorosas debemos partir por observar nuestros pensamientos, ser gentiles con nosotros mismos, sólo así podremos entregar palabras que acaricien tanto el corazón como el cuerpo de nuestros hijos. De esta manera facilitaremos el continuo táctil a través de las etapas de nuestro desarrollo desde el vientre materno hasta los primeros años de vida y posterior vida adulta.

Para más información sobre talleres escribe a contacto@arrurru.org | www.arrurru.org